Después de trabajar más de cuatro años con emprendedores, les hemos visto pasar por varios momentos críticos habitualmente comunes a todos los proyectos. En cada etapa hay puntos de tensión, pero son los cambios de etapa los más difíciles. Pasar de validación de la idea,  salir a mercado, acelerar y crecer y finalmente evolucionar idea hasta la siguiente ventaja competitiva, generan tensión. Existe un componente positivo en esta tensión, pasar de las primeras fases a las siguientes, siempre genera la expectación de cumplir el sueño y convertir tu negocio en lo que siempre soñaste, también ayudan las metodologías que adecuan el riesgo y la inversión a la oportunidad y certezas. Pero a medida que avanzas, los riesgos y la inversión que implican las decisiones más la propia necesidad añaden miedo a la ecuación.

Asumiendo el final o cierre del proyecto, como un momentos difícil para un emprendedor  ¿Cuál es el más difícil de todos los que afronta? Veamos algunos candidatos.

El primero de los momentos difíciles que uno atraviesa cuando emprende, más allá del desconcierto inicial y del qué tengo que hacer para encontrar el camino entre la niebla, es la validación de la idea. Toda la actividad de esta fase, y son muchas, requiere de llegar hasta el mercado potencial y conseguir todos los datos posibles. En este momento la incertidumbre es máxima, los recursos habitualmente mínimos y autoexigidos (lo que hay va dirigido hacia  la construcción del producto), las carencias altas y las recompensas muy bajas.   Buscamos un cambio, llevar a cabo nuestras ideas soñadas, pero por otro lado, ese mismo cambio es un camino muy solitario y difícil.

El segundo aparece cuando ya tenemos un Proto validado y salimos  a buscar inversión (primeras rondas o rondas puente habitualmente), requiere dar muchas vueltas, picar muchas puertas, equivocarse y aprender de los errores en los pitch puede ser un proceso desesperante, sobre todo si no conseguimos la inversión necesaria o estamos cerca del punto límite de cash burn.

El ecuador es la salida a mercado,  a partir de aquí, después de todo el trabajo y recursos invertidos las expectativas deben transformase en realidades. La tensión es máxima miraremos las cifras cada día, cada 6 horas, cada tres horas cada hora…..Momento de realizar los primeros ajustes y validar el modo en que hacemos clientes. Si no estamos creciendo como esperábamos, surge la preocupación de no poder cumplir los compromisos y no conseguir que nuestro negocio sea un tiro,  si lo estamos haciendo bien, necesitamos definir cuál debe ser el siguiente nivel y cómo llegar hasta él, uno es más estresante que el otro, pero, a pesar de que no llegar es peor que llegar muy bien, la producción masiva, el paso de un nicho que controlamos a un mercado masivo,  las presiones para escalar y cómo hacerlo y la inversión necesaria, lo convierten en un punto crítico en todos los proyectos. El riesgo morir de éxito o por errores en la escala o en el salto del abismo hacia mercado, es una probabilidad convertida en realidad en demasiados casos.

Nos queda el final, lo que nosotros hicimos en el mercado, nos lo están haciendo a nosotros, nuestro proyecto empieza a decaer, nuevas propuestas de valor, evolución de hábitos de consumidores…A estas alturas, algunos ya habrán vendido el proyecto y estarán dando conferencias, pero para gran parte de los otros (salvo aquellos que han evolucionado su propuesta de valor o el mercado target), el proyecto está en su final toca decidir el siguiente paso.

De todos estos momentos difíciles, ¿cuál es el ganador para nosotros, cual es aquel en que el emprendedor está más cerca de rendirse?

Si establecemos un debe y un haber, y tomamos como criterios las recompensas disponibles,  el nivel de certezas que dan seguridad, los riesgos a afrontar y la capacidad/argumentos para afrontar la frustración, sin duda es……

El primer momento: la validación de la idea. Es muy fácil abandonar en esta fase, no hay recursos ni modo fácil de conseguirlos, todo lo que inviertes puede ir al sumidero, pero tienes que gastar para arrancar,  falta equipo,  el proyecto no es algo tangible todavía, solo tienes una idea que puede generar interés en el mercado pero no sabes si el suficiente, tus contactos con los clientes potenciales son frustrantes y contradictorios, no sabes si realmente tienes mercado, si tendrás posibilidades de ganar dinero o si alguien está a punto de sacar tu idea antes que tu. Tu familia piensa que eres un inmaduro, tus amigos piensan que estás loco o peor, están contigo y empiezan a atravesársete y hasta tú piensas que eres un inmaduro o que estás loco o un pesado mono tema. No  siempre podemos dejar el trabajo que nos genera ingresos, así que hay sacar tiempo para compaginar esta a fase con el trabajo y la familia, lo que genera presiones tanto internas como externas para que volvamos a nuestra zona de confort y sigamos con nuestra rutina…. y a cambio ¿Qué tienes?

Solo fe en una idea…… y con suerte, alguien que te ayuda en ese camino (si queréis pistas gratis sobre vuestro proyecto, pinchad aquí), que sabe por lo que estás pasando y que te acompaña en el proceso de creación de tu negocio y eso es algo más que un espacio físico donde estar durante un tiempo o un plan de negocio.